
Aprovechamos la pertinaz sequía para hacer una visita-revisión al sumidero de Iputzmeaka.
Según la topografía de la que disponemos tiene una profundidad cercana a los 100m. y un desarrollo un poco superior a esa cantidad lo que señala una marcada tendencia a la verticalidad si bien sólo tiene dos pequeños pozos siendo el resto una fuerte pendiente con varios resaltes.
La entrada es ya el primer pozo y en él encontramos dos spits antiguos. La roca, aunque en apariencia, parece consistente en realidad se fractura con facilidad, de hecho, en el instante de introducir un spitinox ésta se raja.
Ya superado el primer pozo nos llevamos la primera sorpresa. Alejada de la luz que entra por la vertical vemos un micelio en la superficie de las hojas en descomposición.

Y, como no, a partir de aquí comienza la aventura. Según la topo debería haber otro pequeño pozo seguido de dos resaltes. Lo que encontramos nosotros es un pozo de unos 20m. que nos deja ya prácticamente sin más cuerdas. En la parte inferior del pozo encontramos spits viejos por lo que, evidentemente, hemos bajado por otro sitio.
Y a partir de aquí una rampa con otro par de resaltes y llegamos al meandro final impracticable aunque nuestro nuevo hurón se atreve a meterse un par de recodos hasta hacerse impenetrable. Revisamos una ventana que tenemos al alcance aunque vemos otra que requerirá una escalada más seria.
Durante toda la visita constatamos una corriente de aire que aspira la cueva.

Y vuelta para la calle otra vez con sorpresa: ya es casi de noche. Está comprobado, da igual que la cueva tenga 10km. o 100m, nos pegamos dentro tooooooooooooooooodo el día.
Participantes: M. Torra, Alba, Arturo y Jaime.