Otra magnífica jornada de espeleo “bailando” con los meandros del Bizkaino. En Lekunberri hemos tenido oportunidad de juntarnos con los colegas de Otxola, que están de Curso de Iniciación en la sima del Galo. Un Satorra también ha querido echar una mano y se escapa con ellos. Nosotros alargamos un poco más el almuerzo, que hay que coger fuerzas. A eso del mediodía (volviendo a nuestros horarios habituales) ya estamos instalando el pozo de entrada, esta vez por la vía más cómoda y directa. Al último le toca mojarse y nos escondemos de lo que parece un día de truenos y tormenta. Rápidamente nos ponemos a restregar los buzos contra las paredes y a tratar de ensancharlas a fuerza de empujar, pero no hay manera. Mientras uno sigue practicando en las instalaciones, el resto tiritamos por la intensa corriente de aire frío que busca su camino a las profundidades. Esta vez hemos traído una cuerda bien larga para el último pozo así que, tras mejorar la instalación de cabecera, alcanzamos la sala del colector sin problemas. El objetivo es repasar palmo a palmo y bloque a bloque todos los rincones de la misma, en busca de una posible conexión con Pagomari, que queda muy muy cerca.

De este modo vemos que hay varios aportes laterales, que aunque indicados en el plano, no sabemos hasta donde han sido explorados y que habría que topografiar. También hay varias chimeneas interesantes, aunque bastante complicadas de escalar a falta de un spiderman. Nos queda por fin revisar un pozo de 15 m que parece dar con una fractura ya explorada en el pasado, a la vista de los oxidados spits que hay en su cabecera. Ese día aprovecharemos para dar una última visita a la galería del fondo y tal vez tratar de comunicar con otro equipo que entre desde Pagomari. De vuelta a la calle, tras pelear más que bailar con el meandro desfondado, nos saluda un cielo despejado y una magnífica luna llena, hoy hace un mes exacto que hicimos la primera entrada, y ya van tres.

Participantes: Arturo, Txomin y Jaime.